Hola, me digo a mí mismo.
Es domingo. Da igual la hora. Estoy en mi habitación con la luz apagada, las persianas bajadas y sin rayo de luz alguno.
Sentado en el colchón de mi cama, con la espalda bien recta acostada en la pared y mis piernas cruzadas a lo indio, me dispongo a empezar.
Inspiro profundamente… Y expiro de golpe a modo de suspiro. Me siento los hombros pesados. Giro el cuello hacia un lado -crac, crac, crac-. Lo giro hacia el lado opuesto -crac-.
Lo primero que me viene a la cabeza, es que me sigue faltando algo. ¿Qué es? Pienso… No es normal que me sienta vacío y no sepa el porqué.
Apoyo mis codos encima de las rodillas mientras me cubro las orejas con las manos, aprieto con fuerza y vuelvo a lo de siempre. Estos son algunos de los pensamientos que me vienen a la cabeza:
- Tengo una familia que me quiere
- Nunca me ha faltado comida, ni agua caliente
- Sé que solo tengo 2 amigos. Son verdaderos amigos. Son la familia que yo elegí
- Conozco mis gustos, mis aficiones, mis puntos fuertes y debilidades
- Gracias al mindfulness he aprendido a disfrutar mucho de la interacción con la naturaleza y los animales
- Estudié y trabajo de lo que me gusta que me gusta. Soy desarrollador web
- Tengo buen salario y total flexibilidad
- Sé de qué tipo de personas quiero rodearme
- Disfruto mucho enseñando. No importa el que
- Tengo fuertes principios éticos y morales que se van consolidando a medida que pasan los años
- He tenido la oportunidad de poder conocer culturas y gente local en otros países
- He hecho distintos tipos de voluntariados que han ayudado a darme cuenta de lo que realmente es valioso
No sé por qué no soy feliz, por mucho que lo piense, no logro entenderlo.
Por felicidad hablo de plenitud, de satisfacción máxima.
Soy joven y sé que me queda mucho camino por recorrer, pero, no quiero sentirme así. Derrotado. Hundido. Y aún menos, no quiero imaginarme muriendo sin haber vivido.
Miro hacia atrás. Recuerdo algunas de las metas y retos cumplidos. Experiencias vividas, gente que he conocido... Disfruto de los buenos momentos que paso con mi familia y amigos.
Me considero afortunado por saber valorar pequeños detalles. Por ejemplo, el dibujar una sonrisa en los labios de la recepcionista al saludarla enérgicamente.
Soy consciente de que estas cosas aportan felicidad a mi vida y es por eso que las practico. Pero para mí, No es suficiente. Me siento incompleto, incomprendido y solo.
No sé cuál es mi objetivo vital, para qué vivo o qué hacer con mi vida. Me falta por descubrir ese propósito que creo que todos necesitamos y que hasta que no lo identifique -que no significa hasta que lo logre- no me sentiré plenamente feliz.
Paro de apretar mi cabeza e incorporo mi espalda lentamente hasta que vuelve a estar recostada. PLAM! Mi cráneo golpea contra la pared.
Exhalo con desánimo pensando que el día de hoy, ha sido uno más en la cuenta que me trae.

